martes, 9 de octubre de 2012

MERIDA: CEREMONIOSA, INTELECTUAL Y CUMPLEAÑERA / Por Jesús Araujo “CASTOREÑO


Mérida en los Andes venezolanos
(Fotos: Cortesía/García Müller)

El Círculo Taurino Amigos de la Dinastía Bienvenida expresa sus más efusivas felicitaciones a las instituciones y ciudadanía de Santiago de los Caballeros de Mérida con motivo  del 454 aniversario de su fundación al tiempo que desea un futuro de concordia y properidad y de respeto los arraigados valores tradicionales de la Fiesta Brava.
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El capitán español Juan Rodríguez Suárez y sus hombres marcharon hacia las "Sierras Nevadas", desde los llanos de Cúcuta. Y fue el 9 de octubre de 1558 cuando fundó, en las cercanías de la actual San Juan de Lagunillas, el primer asiento de la ciudad a la que denominó Santiago de los Caballeros de Mérida en homenaje a su extremeña ciudad natal, y nombró el Cabildo que regiría la nueva localidad andina que desde entonces ya era parte del Reino de la Nueva Granada...

Por: Jesús Araujo “CASTOREÑO”
Cronista Taurino.

A Mérida, monta nutricia de mis ideales
y musa inspiradora de mi andinísimo gentilicio

09/10/2912.-Mérida es una ciudad enclavada entre montañas parameras habitada por gentes cordiales y caballerosas amantes de las artes, el estudio y el intelectualismo, rica en cultura y en ideales que le ha dado al país gran capital humano en todos los aspectos, pues una gran pléyade de profesionales han egresado de su casa de estudios, la muy ilustre Universidad de los Andes.

Ciudad de un muy alto nivel de vida, fue una urbe de techumbre roja bañada de albas neblinas que obligaban a sus moradores a usar gabán, bufanda, sombrero y el respectivo flux bajo estos talares.

Milla, parroquia de talentos mil, es cuna de mucho hijo prolijo en virtudes y talentos como ingenieros, arquitectos, médicos, abogados, militares, periodistas y paren de contar.

Plaza Bolívar de Mérida

Hoy, cuando la inolvidable sede de la novia de Don Tulio, la sierra, arriba a un año mas de su fundación pasan por la mente tantas cosas de un ayer vivido que nos alimenta el intelecto y nos mantiene vivo el recuerdo, raíz de la crónica y la historia. 

Recordar sus calles adoquinadas atalayadas con vigas doble T que servían de postes para la tenue y mortecina luz Picón, el poco rugir de motores de vehículos casi furtivos, el tañir de las campanas en las torres de las iglesias, el toque de ángelus campanero que nos hacia juntar las manos y pedirle la bendición a nuestros padres, el albo “guardapolvos” o “bata” escolar almidonado, los primeros viernes, la vendimia Coromotana en la plaza de milla y las inigualables misas de aguinaldo oficiadas por el noble presbítero Emiro Fuenmayor Berroteran de quien fuimos sus acólitos y las patinatas en la plaza de milla en medio de hermandad y fríos serranos al tronar estentóreo de los morteros que hacia explotar “matica” el recordado Encarnación Avendaño.

Hoy día, la ciudad virtual posee avenidas coloreadas por semáforos, edificios, centros comerciales, plazas, parques, museos, galerías, centros de recreación, clubes, aras de fe y últimamente el moderno y funcional, aparte de ecológico, trolebús.

El saber tiene su fundamento en la ilustre Universidad de los Andes como también institutos de educación superior, escuelas, liceos y colegios que preparan la generación de relevo, sin obviar el seminario, claustro de enseñanzas teológicas que le da al país hombres de talar negro conductores de la grey católica.

Enamorado y amante de mi tierra, hoy 9 de octubre cuando la ciudad arriba a 454 años de su fundación, dedícale un verso corto hecho hace ya varios años pero de poca difusión:

ACASO MÉRIDA…TU RAIGAMBRE DE SEÑORA, EL TIEMPO SERA QUE OLVIDA…O LAS CLAMIDES DE OTRORA SE OLVIDAN DE TU ESTIRPE Y TU GRANDEZA…TUS CALLES, CONSERVAN AUN SU GENTILEZA, Y EL CLAUSTRO INTELIGENTE CON NOMBRE DE ALTURAS INCLEMENTES, ALBERGAN A UN SINFÍN DE ESTUDIANTADO, TENIENDO SUS CIMAS UNA BLANCURA SUBLIMAL, LLEVANDO LOS CÓNDORES EN SU PICO, EL EMBRUJO, INTELECTO Y SEÑORÍO, DE MI CIUDAD NATAL.

En Mérida, la de Don Tulio, la de las letras inteligentes, la de las cimas albamente gélidas, en tiempos de luchas de intelecto como un homenaje de un hijo que la quiere y se enorgullece y grita en silabas…

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