martes, 15 de septiembre de 2026

Luis Álvarez, embajador de la bonhomía / por Pedro Toledano



'..Luis aportaba una cualidad que no abunda: la nobleza. Era de esas personas que uno agradece haberse encontrado en el camino. Me tomo la licencia de afirmar que quien ha sido gran figura del toreo, César Rincón, está de acuerdo con esta mi aseveración..'

Luis Álvarez, embajador de la bonhomía

Recordando el camino recorrido con el amigo que nos deja, me queda la sensación de que se marcha alguien que hizo mucho más que desempeñar una profesión o vivir una pasión; se marcha un hombre bueno

Siempre pensé que Luis Álvarez era el embajador de la bonhomía, no solo del planeta de los toros, donde alcanzó un bien ganado prestigio, también en el mundo comercial de la publicidad y el marketing, la otra profesión que abrazó y en la que también tuve la oportunidad de disfrutarlo como amigo.

Lo conocí cuando comenzaba su carrera como novillero en los albores de los sesenta. Toreaba mucho en la provincia de Jaén y también en la capital del Santo Reino. Recuerdo la primera tarde, fue en Linares, compartiendo cartel, creo que con Diego Córdoba, Gabriel Suárez y Manuel Benítez "El Cordobés", éste fue incluido a última hora al no poderlo hacer quien por aquellas calendas tenía revolucionado el toreo, el cordobés que alcanzó fama y gloria.

Luis era proactivo, imaginativo y, sobre todo, bondadoso. Y ese carácter suyo le abrió muchas puertas a lo largo de su vida. No porque las empujara, sino porque quienes estaban al otro lado querían abrirlas para él. Sabía escuchar, sabía convencer y, por encima de todo, sabía hacer amigos.

En el mundo del toro, donde tantas veces las relaciones humanas están sometidas a intereses, pasiones y egos, Luis aportaba una cualidad que no abunda: la nobleza. Era de esas personas que uno agradece haberse encontrado en el camino. Me tomo la licencia de afirmar que quien ha sido gran figura del toreo, César Rincón, está de acuerdo con esta mi aseveración, como antes debió estarlo también el gran taurino que fue Manolo Chopera, al tenerlo en su equipo de gestión de Las Ventas, por lo mucho que hizo para potenciar el número de abonados.

Recordando el camino recorrido con el amigo que nos deja, me queda la sensación de que se marcha alguien que hizo mucho más que desempeñar una profesión o vivir una pasión. Se marcha un hombre bueno. Que allá donde estés sigas repartiendo ese talante abierto, esa imaginación y esa bondad que tantos tuvimos la suerte de conocer.

lunes, 14 de septiembre de 2026

Ha muerto Luis Álvarez, el hombre que vio la grandeza en César Rincón / por Paco Delgado


Desde este medio expresamos nuestro profundo pesar por la muerte del entrañable amigo Luis Álvarez, integrante y colaborador de nuestra asociación bienvendista y persona portadora de altas cualidades humanas, que se ha distinguido como importante profesional taurino protagonista excepcional en la historia de la tauromaquia, contribuyendo con ello en su larga trayectoria a su mayor prestigio en el ámbito nacional e internacional.
En estos momentos de dolor acompañamos a sus familiares y amigos en el sentimiento y elevamos una oración por el eterno descanso de su alma. Descansa en paz, amigo Luis.


Ha muerto Luis Álvarez, el hombre
 que vio la grandeza en César Rincón

Novillero en sus inicios, el mentor tangerino falleció en Madrid tras dejar una huella imborrable como apoderado, gestor y renovador del marketing taurino.

La trastienda de la tauromaquia despide a uno de sus arquitectos más lúcidos y polifacéticos. Luis Álvarez falleció este domingo en el Hospital de Torrelodones a los 88 años como consecuencia de una sepsis general, tal como confirmó su propio hijo. Nacido en Tánger el 8 de octubre de 1938, Álvarez representó esa estirpe de taurinos integrales capaces de comprender el espectáculo desde la arena hasta el último rincón de las oficinas. Los restos mortales del apoderado y empresario reposan este lunes en el Tanatorio de Las Rozas, donde se oficiará una misa a las 19:00 horas antes de su último adiós.

Aunque su proyección pública llegó desde los despachos, su historia arrancó sobre el albero. Vestido de luces bajo el apodo de Andaluz II —guiño a su parentesco con Manuel Álvarez Andaluz—, llegó a pisar el ruedo de Las Ventas el 4 de septiembre de 1960 frente a reses de Escolar, compartiendo terna con José Morán «Facultades» y José María Montilla. Sin embargo, pronto entendió que su verdadero talento no estaba frente al toro, sino en la gestión. Tras formarse en Publicidad y Marketing, aplicó una mirada conceptual inédita en una fiesta todavía anclada en costumbres antiguas.

Esa visión moderna cristalizó durante los años ochenta en Las Ventas dentro del equipo de Manuel Martínez Chopera. Álvarez profesionalizó áreas de promoción y comercialización cuando esas divisiones ni existían en el sector: ideó el programa de mano como formato informativo y soporte publicitario —un estándar hoy en cualquier coso— e introdujo en taquilla los planos detallados de la plaza para que el espectador supiera exactamente qué asiento compraba. Un conocimiento del negocio que trasladó más tarde a plazas como Valencia, la América taurina y, especialmente, La Coruña, donde logró devolver la feria de María Pita al primer plano del circuito.

Su olfato profesional alcanzó la cima en el campo del apoderamiento. Tras un prometedor arranque junto a Morenito de Maracay, Álvarez firmó la gran obra de su carrera al rescatar a César Rincón en 1990. Su estrecha vinculación con Colombia y Venezuela le sirvió para apostar por el diestro de Bogotá cuando pocos creían en su retorno a Europa. El resultado es historia del toreo: las cuatro Puertas Grandes consecutivas de Rincón en Las Ventas en 1991 y la consolidación de Álvarez como el estratega más cotizado del momento. De forma paralela, impulsó también la ganadería de Victoriano del Río, al convencer a Rincón para que exigiera sus toros en las grandes citas cuando la divisa aún buscaba acomodo en los carteles de máxima responsabilidad.

Su capacidad para moldear carreras de figuras se repitió años más tarde con Sebastián Castella —a quien guio desde sus inicios hasta la cima junto a José Antonio Campuzano— y con Antonio Ferrera en su vertiginosa eclosión de 2002. Por sus manos pasaron asimismo nombres de la talla de Pepín Liria, Luis Bolívar, Ambel Posada, Posada de Maravillas, José Antonio Iniesta o Miguel Rodríguez, además de haber respaldado los primeros pasos como matador de Enrique Ponce junto a Ruiz Palomares.

Padre de la periodista Estrella Álvarez y del productor teatral Luis Álvarez, la figura del gestor hispano-tangerino deja un vacío profundo por la amplitud de sus facetas. Entendió como pocos el engranaje internacional de la fiesta, adelantándose a las transformaciones comerciales que hoy rigen los despachos. Con su marcha se apaga la vida de un hombre que, habiendo probado primero el sabor de la arena, prefirió escribir algunas de las páginas más brillantes del toreo contemporáneo a este lado del callejón.