miércoles, 27 de junio de 2012

JESUS ARAUJO “CASTOREÑO” RECUERDA A ANTONIO “BIENVENIDA”


San Sebastián de los Reyes - 5 de Septiembre de 1964
Memorable faena al toro "Parlador" de Cerroalto
"Ya puedo morir tranquilo, porque he visto torear como yo soñaba el toreo"
El Papa Negro a su hijo Antonio

ANTONIO “BIENVENIDA” 
EL ACENTO EXACTO CON TILDE DE ARTE


JESUS ARAUJO “CASTOREÑO”

El Madrid de chotis y Lavapiés, la del oso y el madroño, a la que Agustín Lara le cantara con tanto sentimiento, a la testigo del quite inmortal e inolvidable de gitano de Jerez Rafael De Paula, cuna de santuario taurino donde Ortega Cano hiciera ver la potable dulzura de “velador” de Victorino, fue cielo acogedor de un niño advenido en la mantuana Caracas, quien, con el pasar de los años, se erigiría como monstruo consagrado del toreo y esclarecido de una dinastía que le daría glorias sin máculas a la tierra del idioma, monta nutricia que flamea al viento el trapo sacro del gentilicio llamado con hispalense respeto…rojo y gualda.

Hablar de Antonio “Bienvenida” es hablar del acento con que habla el arte, este dicho, de un cronista Español, nos habla del prohibitivo tabú de la perfectibilidad en las hechuras, mejor dicho, la difícil facilidad del manejo de los trebejos de torear.

Antonio fue un torero para quien torear, era una facilidad con desparpajo. Le imprimía a su hacer una naturalidad pasmosa que verlo extasiaba y era un privilegio, ya que, aplicaba a su hacer la exactitud de los cánones que hasta el mas profano se hundía en el sopor de la admiración.

Una sola vez vi torear a Don Antonio en Valencia junto a Luis Miguel “Dominguín” y Cesar Girón con la bravura azteca de Chafik, tarde en la que su paisano mantuano, corto cuatro orejas y quien este cronista lo ayudo a sacar en volandas.

En aquel entonces, en la industriosa Valencia del Rey, ahora de la Virgen del Socorro, se me encomendó adornar el ruedo para la corrida Goyesca con Curro Romero, Efraín Girón y Manolo Martínez, cosa que me permitió charlar con el maestro caraqueño en la conserjería de la plaza, gracias al gran Pedrucho de Caracas. Conversación matinal y dominguera en la que el consumado me preguntó…¿Eres de Mérida? Me dicen que es una ciudad bonita, yo soy caraqueño...! ¡

Antonio llevó en su toreo toda la raza, gracia y grandeza de España, tuvo por virtud entender los toros desde su salida y lo más importante, poder con ellos, aleaba el citar, templar y mandar con ese pellizco mágico del salero llamado arte, pues sus muletazos, iban cargados de mensaje aromados a “yerbabuena” con sabor a canela fina.

Observando cualquier muletazo de Don Antonio, podemos detallar la “planchitud” de la tela, eso, querido lector se llama temple y si detallamos esa gráfica, vemos como sus zapatillas plantadas en la arena, ajenaban aquel “tris” de altura entre el talón y la arena, tal vez, sirviendo su enhiesto cuerpo de eje y rotor de tan difícil desempeño.

Su desmedida afición lo llevaron a prepararse en un tentadero en el cortijo bravo de Doña Amelia Pérez Tabernero, queriendo el destino inmortalizarlo a través del óbito, cuando la vaca “Conocida” lo volteó y le causó la muerte al cabo de una corta agonía.

Su ultima actuación en la tierra que lo vio nacer fue el 26 de junio de 1971 en Valencia. Esa, fue también la postrera actuación de César Girón en los ruedos Recordemos que motivado a que organizaba la feria valenciana no toreó desde esta fecha hasta el 19 de octubre cuando la fatalidad de la cinta negra de la carretera le quitó la vida.

Don Antonio hablaba de la raza torera de César y el destino quiso que octubre fuera calendario para que estas dos figuras se unieran en la eternidad, los dos caraqueños pero Antonio con la grácil bendición de haberse formado en la tierra del idioma. Para sus almas contritas, generosas y rodeadas de luces, como cuando en vida, una callada oración a sus memorias.

“Maestro…este año va a América..? …claro, a Venezuela, yo soy Venezolano”.

A los brindados un abrazo, a los lectores
…va por Uds.…montera en mano.

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