miércoles, 26 de septiembre de 2012

28 años sin Paquirri.-




28 años sin Paquirri
Recuerdo al maestro de Barbate en el aniversario de su muerte

Semanario AplausoS
Tal día como hoy, 26 de septiembre, pero de 1984, Francisco Rivera Pérez, "Paquirri" en los carteles, pasó a convertirse en leyenda. El toro"Avispado", de la ganadería de Sayalero y Bandrés, acabó con su vida en la plaza de toros de Pozoblanco. Su pundonor, su garra y su hombría frente al toro le hicieron pasar a la historia de los más grandes.

Nacido en Zahara de los Atunes el 23 de marzo de 1948, vivió desde su infancia el ambiente taurino y ciñó por vez primera la taleguilla en agosto de 1962, debutando con caballos un par de años después en la también gaditana población de Barbate.

Tras triunfar como novillero, se anuncia su alternativa en la Monumental de Barcelona para el 17 de julio de 1966. Ese día apadrinaba la ceremonia Antonio Bienvenida en presencia de Andrés Vázquez pero el primer toro, del hierro de Juan Pedro Domecq, metió al toricantano en la enfermería antes de la cesión de trastos.

Hubo que esperar, por tanto, al 11 de agosto siguiente para que, en la misma plaza, Paco Camino, en presencia de El Viti, le cediera la muerte de Zambullido, negro, número 103, con 513 kilos de peso en bruto y perteneciente a la vacada de Urquijo de Federico.

A lo largo de su carrera conquistó todas las plazas de España, Francia y América, caracterizándose siempre por su entrega en el ruedo, su pundonor sin límites, su valor a prueba de cornadas, su técnica y y dominio en todos los tercios y sus permanentes deseos de complacer al público tarde tras tarde. Fue un grande en lo suyo, y así hay que recordarlo.


28 años de la tragedia de Pozoblanco
Los Alburejos, su casa

Por Álvaro Domecq Romero

El día antes de su muerte toreaba yo en Pozoblanco y tuve que entrar en la en­fermería aquejado de una fiebre por in­fec­ción. Al día siguiente, a la misma hora, llamó El Vito a mi padre, que se quedó mudo en el teléfono.

Andaba yo por Ronda recientemente, para ver las corridas goyescas, en esa ciudad tan bonita y tan serrana, tan engalanada en sus fiestas, con esa maravillosa plaza de toros, que la Real Maestranza de Ronda mantiene tan cuidada y brillante. Paseando por sus calles, con esos murales fotográficos que ocupan toda una fachada, veo esa bonita foto en que dan la vuelta al ruedo, delante de las columnas de la plaza de toros, tres generaciones de grandes toreros, Antonio Ordoñez con esa majestad y gran torería de arte; Francisco Rivera “Paquirri”, con ese paso de hombre fuerte, de gran lidiador y torero, y entre ellos, cogidos de la mano, uno de su abuelo y otro de su padre, Francisco y Cayetano, todo un conjunto de la grandeza del toreo, con gran diferencia de épocas. Por la sangre de esta saga de toreros corre toda una historia de tauromaquia.

Estoy seguro de que esa foto la tienen Francisco y Cayetano en su capilla junto a las imágenes a las que ellos rezan en la habitación del hotel, antes de salir a la plaza. Qué duro debe ser para ellos vestirse de torero cada tarde viendo esa entrañable imagen.

Paquirri fue un gran torero, lidiador, poderoso en todos los tercios. Tuve la suerte de que nos visitara en casa muchos días, llegando a veces a campo a través desde Cantora a Los Alburejos. A cualquier hora podía entrenarse allí, con cualquier animal que saliera por el chiquero. A mi padre le dedicó una foto toreando el toro “Buenasuerte” en Madrid, que decía:

“Amigo Álvaro, en recuerdo de los 5 triunfos grandes que he tenido este año, con 5 corridas tuyas, como Sevilla, Madrid, Bilbao, El Puerto de Santa María y Huelva, cortando un total de 13 orejas y 2 rabos. Tu amigo, Francisco Rivera Paquirri”. También tuve la suerte de hacer una temporada con él por varias plazas de América. Recuerdo que toreamos una corrida en Lima en que no pude matar mi primer toro, y no recuerdo ahora bien quién puso más interés, si yo o él, en acabar con aquel toro que no se dejó matar. Es el único toro que se me fue vivo a los corrales, aunque Paquirri me ayudara para que eso no pasara. Pero tuve la oportunidad de desquitarme en el segundo con un gran triunfo.

El día antes de su muerte toreaba yo en Pozoblanco y tuve que entrar en la en­fermería aquejado de una fiebre por in­fec­ción. Al día siguiente, a la misma hora, llamó El Vito a mi padre. Mi padre se quedó mudo en el teléfono, yo cogí el aparato para contestar y me quedé impresionado. Sus fotos, su amistad, su gran recuerdo, y el de su familia, están en mi casa por todos los rincones. Parece que fue ayer y hace ya 25 años.

Artículo publicado en el nº 1669 de APLAUSOS, 21-9-2009, con motivo del 25 aniversario del fallecimiento de Paquirri

Paquirri y “Buenasuerte”, de Torrestrella, en Las Ventas. 
(Foto: Aplausos)

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