miércoles, 11 de julio de 2012

Insólito ataque a la cultura taurina / Por Nelson Hernández Ramírez



"...El alcalde de Bogotá, Gustavo Petro, acusado de crímenes desde antiguo, pero ahora resaltados por su terquedad prohibicionista, declaró como ajena  a  fiestas taurinas la Plaza de Toros construida en la década del  treinta, del siglo pasado por Don Fermín  Sanz  de  Santamaría..."
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Insólito ataque  a la  cultura taurina

Por Nelson Hernández  Ramírez  (*)
Caracas, 11/07/2012
            Mandatarios y funcionarios  públicos de varias naciones, haciendo dejación de sus auténticas obligaciones humanas, han intentado prohibir el mantenimiento de la fiesta brava y abolir  de un plumazo las  cuatricentenarias expresiones de cultura taurina, como  si la crisis monetaria y  social de Europa y América se solucionara con restricciones a la libertad de los ciudadanos.
            Fuera  de  contexto y de actualidad, en Portugal y Colombia acaban de producirse  dos manifestaciones  de esta intolerancia social, sin mediar consulta o estudio  de la situación, pero, seguramente, al amparo de beneficios monetarios personales,  sin medir el perjuicio  social.
En Portugal,  un ínfimo grupo político, con voz  en el parlamento, intentó, mediante moción negada por amplísima mayoría,  acabar con las transmisiones de radio y televisión de eventos  taurinos,  meta   que sigue camino  con  el cierre de la crónica y la reseña, para  hacer  añicos   la libertad de expresión.
Debate  en cámara plena, en el recinto por  excelencia  de la democracia lusa. Una propuesta de prohibir, limitar  y acabar,  sin aliento popular y sin razón. Otra de apoyo a la libertad, sin restricciones, salvo las derivadas del orden y el bien común. Triunfó la sensatez y todo se mantiene en la normalidad, con una fiesta brava robustecida.
De la discusión surgió la  gran verdad. El proponente, derrotado o puesto al descubierto, no tiene una militancia política en su grupo que supere en número la concurrencia  de la plaza  taurina más pequeña de Portugal. Y ni hablar de la sintonía de la más reciente transmisión.  Por miles  los televidentes  taurinos, por escasas  decenas las listas de partidarios del movimiento  prohibicionista.
En Colombia se produjo  otro caso de esos curiosos eventos o actos de una administración  municipal, desasistida de crédito y confianza en la ciudadanía.  El Alcalde  de (Santafé de) Bogotá,  el ex  combatiente  irregular Gustavo Petro, acusado de crímenes desde antiguo, pero ahora resaltados por su terquedad prohibicionista, declaró como ajena  a  fiestas taurinas la Plaza de Toros construida en la década del  treinta, del siglo pasado por Don Fermín  Sanz  de  Santamaría.
Modelo de  arquitectura  y modelo de desprendimiento humanitario,  la obra, patrimonio  cultural bogotano, fue donada   al  municipio  capitalino para que con sus beneficios económicos  se hagan obras sociales, incluido el mantenimiento  de parques, lo cual venía ocurriendo  sin sobresaltos y sin demoras, pues la empresa promotora rendía  cuentas con exactitud y pulcritud.
Se le ocurrió al Alcalde Petro la descabellada  idea de “prohibir los toros” en procura  de un tibio aplauso de grupos antitaurinos, financiados por capitales  extranjeros, sin saber  que el documento de donación se hizo exclusivamente para que haya corridas, novilladas y festejos menores en la hermosa y céntrica plaza, lo cual revela miopía y tozudez  inadmisibles en un alcalde de ciudad tan rancia y vieja en  lo referente a tauromaquia.
Miles de personas son afectadas  en lo moral y económico por depender de las fiestas taurinas, pero  en adición  hay que destacar  que de acuerdo a las declaraciones  de derechos  humanos, aceptadas universalmente, a nadie se le puede prohibir que haga uso de sus tradiciones y costumbres, siempre y cuando no afecten los mismos derechos de otras personas.
Las corridas en Bogotá a nadie  causan daño, pero si permiten, con el pago de impuestos y arrendamientos municipales cubrir  el mantenimiento de la instalación y  mejorar la calidad de vida de todos, en tanto que  la prohibición solo deja beneficios, por sobornos, a un reducido grupo  de funcionarios, nada asistidos de apoyo popular ni de la confianza de los santafereños bogotanos.
El respeto  social y el aprecio de la cultura taurina, con sus vertientes literarias, de bellas artes y lingüística, unidas a los hechos sociológicos  de las costumbres y tradiciones, ya ancestrales, mediando  cuatro siglos, nos llevan a proponer que una consulta o referendo se implemente, con libertad y transparencia, sin las presiones y fraudes desplegados en Ecuador,  para que sean los ciudadanos los que decidan el  futuro  uso de la plaza.
El  Alcalde  Petro ha dicho que ahora la cultura será el centro y razón  del uso  del coso. Ante  tan demagógica  expresión    cabe  resaltar que la ocupación taurina anual  totaliza  cincuenta horas anuales, lo cual no llega ni siquiera  al dos por ciento de las  8760 horas de que consta el calendario de un año.    
Una verdad del  tamaño de una catedral, frente  a un inmisericorde ataque   a  la cultura taurina,  la cual puede convivir y compartir  la escena con  cualquier otra  manifestación de la misma índole, trátese  de canto, baile,  danza, ópera, literatura, pintura, escultura, teatro, mimos, payazos, artes circenses, etc.,  al igual  que exposiciones agropecuarias, de ciencia, de innovación y  tecnología.
Es así. Los taurinos somos respetuosos, tolerantes y podemos compartir. Otros sectores no pueden decir lo mismo.  
(*)NELSON HERNANDEZ RAMIREZ
Presidente del Capítulo Nacional Venezuela
Directivo del Capítulo de Madrid
Delegado para América

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